Mi pequeño homenaje a Embassy

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La verdad es que en estos últimos años, he visto muchos restaurantes, bares y lugares muy de «mi Madrid» echar el cierre para no volver a abrir, pero creo que este último, es uno de los que más lo he sentido. Embassy, el mítico local de la Castellana cierra sus puertas para siempre.

Descubrí Embassy cuando siendo muy joven, me incorporé a trabajar en Merrill Lynch, en La Pirámide, uno de los edificios de la Castellana que entonces albergaba algunas empresas internacionales. Entonces, a la hora de comer o al termino del trabajo, mis compañeras y yo ibamos a Embassy buscando las tartas de limón, tortitas con nata o pequeñas piezas de bollerías, con sabor a horno «de toda la vida», todavía humeantes. En mi caso, hacía solo unos meses que había llegado de Inglaterra y era todo un lujo encontrar aquella variedad de tés, que no había en ningún otro sitio de Madrid. Desde el Earl Grey, al Negro Cashmir, pasando por los exóticos tés Verdes con Vainilla, Canela o Naranja. Esto era lo más que nos podíamos permitir. Comer en su restaurante de la planta primera era algo impensable para nuestros bolsillos.

Años más tarde, el destino y SES me llevaron a una oficina de Fortuny. Solo cruzar la Castellana y saboreaba sus repostería y su café con crema. En esta ocasión, ya con más años y más consciencia, apreciaba tanto sus bollitos, como sus vetustos camareros, sonrientes, atentos, con un toque casposo, que reposaban sus cubiertos de plata en las mesitas, con sus manteles blancos, tan juntas, que había que hablar bajito o entrecuzar la conversación de las señoras, casi siempre entradas en años, de la mesa de al lado.  Entonces si, mi economía me permitió subir a su planta de arriba, al restaurante, con vistas a la Castellana, donde se intuía todo lo que se había vivido en épocas pasadas.

Embassy fue fundado en 1931 como Salón de Té, por una irlandesa divorciada de un comerciante que se estableció en Madrid para trabajar en General Motors, Margaret Kearney Taylor, que más tarde inició una nueva relación sentimental con un marqués. Margaret, acostumbrada a viajar por todo el mundo, echaba de menos en Madrid, un lugar  que reuniera a mujeres de la burguesía y fundó este Salón de Té, para que fuera el único lugar en el que se sirviera el auténtico té británico.

Margaret estableció Embassy en la Castellana porque le recordaba a Los Campos Elíseos de París y porque estaba estrategicamente situado entre las embajadas británica y alemana. Esto quizás fue una de las razones por las que durante la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, Embasy se convirtió en un lugar de intensa actividad. Por allí pasaron espías alemanes y británicos, que conspiraban con recelo. Incluso se dice que en sus sótanos se escondieron refugiados, que cruzaban los Pirineos y que huyendo de la guerra, se escondían esperando un destino. Cuenta la actual propietaria de Embassy en una entrevista a Vanity Fair, que en muchas ocasiones, los refugiados heridos pasaban desde los baños al tercer piso, donde residía Margaret, por un pasadizo secreto, donde eran curados por un médico amigo. Incluso se tramitaba su documentación falsa y un coche con matrícula diplomática que les trasladaba a Francia o a Portugal. También fue testigo de las manifestaciones que tuvieron lugar un día después de la Guerra Civil, mientras sus comensales extranjeros corrían a esconderse de los gritos y disparos.

Margaret regentó hasta los años noventa el local donde le gustaba conversar con sus ilustres clientes en inglés, francés y español. A menudo ofrecía fiestas a sus amigos, como los Romanoff o la Reina Federica de Grecia. Al caer la tarde y antes de decidir que era demasiado mayor para seguir al frente del negocio, era habitual verla con su asistente disfrutando de un whisky en Embassy.

Más tarde el local cambió de dueño y de modelo de negocio y se especializó en la venta de productos gourmet y catering, pero nunca perdió su estilo clásico, británico y distinguido, donde su lema era «La tradición española con tintes internacionales».

Hoy, desde mi Blog, quiero dar mi personal homenaje a Embassy que tanto aportó a Madrid, a la historia de dos guerras y a mi vida personal. La mejor de las suertes a sus trabajadores, agradeciéndoles su simpatía, su calidad, su trabajo bien hecho y a los entrañables momentos pasados mientras deleitaba sus deliciosos tartas, sandwiches, palmeritas….

Embassy vuelve a ser otro ejemplo de Marketing Casero, un negocio que entró en vida hace muchos años y que queda para siempre en mi memoria y en mi corazón. Gracias.

 

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